Dios nos
ama de tal manera que intervino en la historia de la humanidad. Íbamos hacia un futuro oscuro
y nefasto lejos de Dios. Pero Él se dio a conocer, envió a su Hijo Jesús para
que nos mostrara el camino al Cielo. Ante todo, para que nos mostrara ¡de
qué manera nos ama nuestro Creador! Jesús el Hijo de Dios murió en la cruz para
que nosotros tengamos vida por siempre, y resucitó para rescatarnos y
darnos un futuro feliz. sábado, 1 de abril de 2017
¡Te ama de tal manera...!
Dios nos
ama de tal manera que intervino en la historia de la humanidad. Íbamos hacia un futuro oscuro
y nefasto lejos de Dios. Pero Él se dio a conocer, envió a su Hijo Jesús para
que nos mostrara el camino al Cielo. Ante todo, para que nos mostrara ¡de
qué manera nos ama nuestro Creador! Jesús el Hijo de Dios murió en la cruz para
que nosotros tengamos vida por siempre, y resucitó para rescatarnos y
darnos un futuro feliz. lunes, 13 de marzo de 2017
Estamos seguros
¿Quién puede estar seguro en un
mundo lleno de inseguridad? En un tiempo de tanta violencia y falta de
humanidad, ¿quién puede vivir en paz y sin temor?... Para muchos la respuesta
es "Nadie". “Nadie que esté en su sano juicio.” Sin embargo, quienes
confiamos en Dios tenemos la seguridad de que Dios cumple sus promesas. Lo
sabemos. Y muchas de las promesas que nos ha dejado se refieren a la seguridad,
al vivir seguros y al vivir en paz. El Dios que nos creó sabe que necesitamos
su ayuda y nos dejó de antemano promesas que nos alientan y tranquilizan. Eso nos da una inefable seguridad y un fuerte consuelo.lunes, 20 de febrero de 2017
Fragilidad y fuerza
No nos gusta ser
frágiles ni vulnerables. Quisiéramos ser tan fuertes que nada nos dañe. Pero
somos así: vulnerables. Si sufrimos un corte, sangramos. Depende de la herida,
pero hasta podríamos morir si no obtuviéramos ayuda. Si chocamos con algo
fuertemente, o tenemos una caída, hasta los huesos pueden astillarse o quebrarse. Los músculos y tendones también
pueden herirse aunque tienen fuerza y resistencia. Nuestro cuerpo sigue siendo
frágil aunque pueda hacer proezas deportivas o de fuerza. Cada partícula de nuestro ser nos
recuerda que somos “finitos” y “mortales”. Y aunque todos quisiéramos no serlo,
tiene un propósito: volver nuestro corazón a Aquel que es infinito, eterno y
Todopoderoso: el Dios que nos ama y nos sustenta.
Nuestra condición de mortales hace posible la empatía, la compasión. Podemos poner en
práctica el amor por el prójimo, la misericordia, la generosidad,
el trabajo en grupo, y tantas cosas más. Nos ayuda a dejar de pensar en lo material para
enfocarnos en las personas. Disminuye nuestro egoísmo para pensar en los demás. Si
fuéramos fuertes e invulnerables, seguramente seríamos pedantes, autosuficientes, egoístas y
orgullosos. Así es la naturaleza humana. Nuestra finitud pone límite a nuestra arrogancia.lunes, 9 de enero de 2017
Pacificadores
En un mundo que parece cada vez más violento, los pacificadores pueden parecer seres de otro siglo. Sin embargo, hay una riqueza oculta en ser un pacificador: eso trae gozo a tu vida y a la vida de otros.La Biblia dice que Dios es nuestra paz, y que Él nos da su paz, esa paz que es verdadera y duradera.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Semejantes
Se acerca fin de año y empezamos a hacer balances, en todo sentido y en muchas áreas. Solemos evaluar nuestras metas alcanzadas, los proyectos cumplidos. Sin embargo, es importante evaluar nuestra vida interior, espiritual, trascendente. Examinarnos con una instrospección sincera. Anhelamos ser mejores personas; más semejantes a Jesús. ¡Esa es la meta ineludible y proseguimos!
Queremos ser más como Vos, Señor. Más semejante a Vos. Al menos, imitar tu corazón inigualable, tu ternura, tu compasión. Tener la sonrisa espontánea. Dar los abrazos que sanan. Tener las palabras justas. Tener el amor que rebosa y salpica; ese amor que echa fuera el temor. Ese amor de Dios que ahuyenta hasta miedos ajenos. Amor que acepta. Que recibe y transforma. Amor que redime y da vida. Es una meta que no acaba acá en esta tierra; lo sé. Pero, al menos, un poco más cada día, quiero parecerme más a Vos.
Cuando vemos la realidad que nos rodea, muchos deseamos ser más como Vos, para poder llevar vida, alivio, salud y paz. Para mitigar dolores y cambiar circunstancias. Para que todos sepan que hay salida.
En este último mes del año, quiero ver lo que todavía tengo que cambiar. Ayudame, Señor, con ese cambio interno que solamente Vos podés hacer. El mundo te necesita. Nosotros, tu Iglesia, te necesitamos. Porque parte de nuestra misión es, también, ser más como Vos, para que muchos puedan conocerte. Ayudanos ser apasionados por crecer continuamente, por vivir con Vos y para Vos. Amando, viviendo conforme a tu Palabra, haciendo tu voluntad. Valdrá la pena todo lo vivido, si al final del año te conocemos más, ¡y nos parecemos más!
lunes, 14 de noviembre de 2016
La bondad de ustedes
¿Alguna vez pensaste en lo hermoso que es ser bueno? La bondad y la hermosura van juntas. Porque la bondad embellece el alma pero también el rostro, la persona. Es una hermosura que no está sujeta a estándares humanos ni se limita a raza, estrato social ni a ninguna condición preestablecida. Hay una belleza implícita, inherente a la bondad. Lo bueno es hermoso. Y lo es con una hermosura que trasciende lo físico y lo material. Lo bueno proviene de Dios.
Dios nos dice, en la Biblia, que seamos bondadosos, que hagamos el bien. ¡Porque Él es así!"Vuestra bondad sea conocida de todos los hombres". Así lo dice la versión LBLA (La Biblia de las Américas). Nos pide que seamos bondadosos, pero también que nuestra bondad sea evidente a todos.
¿Será que quiere que nos enorgullezcamos mostrando lo bueno que somos"? No. Todo lo bueno viene de Dios. Cuando la bondad es evidente en nosotros simplemente estamos mostrando que no es nuestra; ¡que Dios existe y esa bondad es suya!
Hagamos el bien. Cuando lo hacemos, recibimos de Dios el regalo del gozo y la alegría.
lunes, 17 de octubre de 2016
Corazón nuevo
Todos sabemos lo
que significa plenamente la frase: “¿Por qué no me callé?” Esa frustración de haber dicho lo que no
debíamos es bien conocida por todo ser humano. ¿Qué hacer para
frenar ese impulso de hablar cuando no debemos? La respuesta es: Pedir ayuda a
Dios. Porque la Biblia dice que ningún hombre puede "domar la lengua" (Stg. 3:8).
Para tener dominio sobre la propia lengua tenemos que permitir que Dios mismo
la domine por el accionar de su Espíritu que vive en nosotros.
Dios es bueno, y
no sólo nos promete su ayuda sino también un nuevo corazón, ¡de manera que las palabras también cambien! Lo que hablamos procede del corazón. Un corazón transformado producirá un “hablar transformado”. ¡Hay
esperanza para nosotros! El
problema no reside tanto en la lengua misma, sino en nuestro corazón,
porque “de la abundancia del corazón habla la boca”. Pidamos a Dios que
nos dé un corazón nuevo, cada día más transformado,
para que nuestras palabras edifiquen en vez de destruir; bendigan y no maldigan. ¡ Dios nos ayudará! Él lo hará.
Dice la Biblia: “La
lengua de los sabios es medicina” (Pr. 12:18b). Solamente Dios puede darnos una lengua
sabia. Él es el único que puede darnos un nuevo corazón que producirá un nuevo hablar y una vida nueva. ¡Qué maravilloso es
saber que nuestras palabras pueden ser una medicina que sane a otros, que ayude, que consuele, que aliente! No
lo dudemos. Pidamos a Dios todos los días: “Dame un corazón limpio”. ¡A Él le
encanta responder esas oraciones! y juntamente con eso nos dará sabiduría y prudencia.




