En la vida hay situaciones que
tienen sabor amargo… Sí. Es cierto. ¡Pero también hay muchas que saben dulce!... Puede resultar un exquisito placer ver con el paso de los años,
cómo Dios usó todas esas situaciones para hacer algo maravilloso en nuestro corazón y en nuestro carácter. La madurez, la compasión, la ternura, la misericordia, la mansedumbre.
martes, 5 de enero de 2016
Sabores de un año nuevo
En la vida hay situaciones que
tienen sabor amargo… Sí. Es cierto. ¡Pero también hay muchas que saben dulce!... Puede resultar un exquisito placer ver con el paso de los años,
cómo Dios usó todas esas situaciones para hacer algo maravilloso en nuestro corazón y en nuestro carácter. La madurez, la compasión, la ternura, la misericordia, la mansedumbre.
Este año nuevo traerá dulzura y
sabores inesperados. Seguramente. Pero no tengas temor. Dios estará cada instante allí. Él prepara de antemano el camino que vamos a
transitar y va delante de nosotros para protegernos.
¡Vale la pena no desesperarse y
confiar en Dios! Él siempre es fiel y nunca falla. A esas cosas que te parecen amargas y difíciles Dios las tornará en buen fruto. para tu bien y para el bien de otros.
No reniegues de las circunstancias
difíciles: Dios usará todas para hacernos realmente plenos y felices.
domingo, 27 de diciembre de 2015
Amor inexplicable
Hay un amor inexplicable y maravilloso que nuestra mente no alcanza a comprender en toda su magnitud. Un amor que no termina, que nunca acabará. Un amor que no pone condiciones, que es infinito. Los humanos ponemos condiciones, a veces sin pensarlo: amamos fácilmente a los que nos aman. A quienes no nos aman, no tan fácil. Sin embargo, Dios nos ama como somos. Con nuestro carácter e incongruencias, con nuestras luchas y temores, con nuestras debilidades y maldades. Él no deja de amarnos. Desde antes de que naciéramos, ya nos amaba Dios con ese amor tan grande y verdadero. No nos pidió que fuéramos buenos para amarnos; no esperó a que cambiáramos de actitud y dejáramos de hacer el mal. Nos ama igual de tal manera. Y por su amor nos salva y nos transforma.
Aunque lo niegues y digas que Él no existe, te ama igual, esperando que decidas creerle. Aunque no le creas, Él te ama. Aunque pienses que no mereces ser amado, Él te ama igual. Aunque pienses que sos demasiado malo, Él te ama igual. Aunque te sientas culpable de tus errores y pecados, Él te ama igual. Dios te espera cada día. Espera que le creas, que confíes, que aceptes su amor para darte una vida nueva, para librarte de la culpa y del sinsentido; para librarte del temor y de la muerte.
¡Dios te ama tanto! Él quiere ser parte de tu vida desde hoy y para siempre.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no se pierda, mas tenga vida eterna. Juan 3:16.
martes, 10 de noviembre de 2015
Que nada te esclavice
Nos hemos acostumbrado a lo inmediato, a lo instantáneo.
Tanto que nos cuesta esperar unos segundos: una actualización en un
dispositivo puede alterarnos, ¡cuando en realidad es cuestión de segundos! La
velocidad a la que vivimos, el ritmo del día a día, puede parecernos
muy bueno, y lo es en algunos aspectos. No obstante, en medio de lo vertiginoso pueden desaparecer muchos detalles
valiosos, hermosos, y hasta imprescindibles.
Correr a casa después del trabajo puede parecer genial, pero, podemos perder algo hermoso: un instante de
cielo, la puesta de sol, garabatos de nubes. Pequeños descansos que recrean el alma. En un momento podemos observar con calma la gente que pasa, considerar sus rostros, su andar y pensar en su humanidad. Tienen su propia historia
y sus luchas. Quizás en un instante una oración silenciosa les bendiga. La necesidad nos pasa por al lado, a veces, y no la vemos. Nos apuramos para ir a correr en otro lado con el mismo
frenesí. ¡A menudo nos privamos de instantáneas maravillosas!
Levantar la mirada del “dispositivo” y mirar la vida
que nos rodea, ¡es tan agradable! Cuando viajás a la universidad, cuando caminás por la
calle, si mirás “afuera”, encontrás personas que viven, cada una con sus realidades específicas, gente cansada, gente feliz. La vida pasa, y todos
parecemos demasiado ocupados, ¡y tal vez nos estamos perdiendo lo mejor! El Candy crash
queda inmutable ante tu sonrisa, la pantalla de tu tablet también, pero podés
cambiarle el día a un niño, a un anciano, o a una persona cargada de problemas,
con solo sonreír. La tecnología está genial, y ayuda mucho, pero no dejemos que
nos domine y nos quite lo mejor que tenemos: nuestra capacidad de considerar al
otro, de verlo como persona, de amar, de comprender y ayudar. En fin, nuestra humanidad. Es un desafío. Pero recordá que Jesús
nos hizo libres. Vivamos en su libertad. ¡Disfrutémosla!
“Todo me está permitido, pero
no todo es para mi bien. Todo me está permitido, pero no dejaré que nada me
domine.” 2° Co. 6.12, NVI.
jueves, 15 de octubre de 2015
¡Buen día!
Un día nuevo. Nada es casualidad. La gente con la que te encontrás. Las circunstancias que vivís. El día a día.
Nuestro Dios es el Señor de los tiempos, el que "gobierna nuestro tiempo", el que dirige la historia -la historia del mundo, y nuestra historia personal. Siempre que Él hace algo tiene un propósito de bien. Quizás pensemos, al comenzar el día, que será un día rutinario. Sin embargo, Dios lo prepara de antemano.
En medio de la rutina, Dios sigue bendiciendo nuestra vida. Hay un obra silencioso de Dios que no advertimos, pero que, al final, es evidente. Dios anhela bendecirnos siempre, hacernos bien.
Dejá que Dios te sorprenda en tu vida diaria. Y sorprendete al descubrir lo sencillo que puede resultar ser feliz.
Dios es amor. Dios que ama, que ríe y se alegra con sus hijos. El Dios
Creador de todo lo que existe ha querido compartir nuestra vida, y
aunque es el Todopoderoso, le encanta ser nuestro Padre del Cielo.
Verás que en un día que parecía "no prometer nada", Dios hace muchas cosas buenas, más allá de lo que podemos comprender.
Vivamos con expectativa cada día, flamante, que nos regala nuestro Dios y compartamos su amor incomparable.
martes, 8 de septiembre de 2015
Temores
Los temores, a veces, aparecen cuándo menos
lo esperamos y quieren afectar cualquier área de nuestra vida, pero, no estamos indefensos: La Biblia dice: “No
nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, amor y
dominio propio” (2 Ti.1:7). Tenemos poder para controlar nuestros temores y nuestras emociones. No estamos a merced de ellos. Aunque abunden las circunstancias difíciles, recordemos
quiénes somos. Somos hijos de Dios, protegidos por Dios, guiados
y acompañados por Él todos los días. No estamos solos ni a la deriva, ni desamparados.Él dijo: “Estoy con ustedes
siempre” (Mt.28:20, NTV). Su amor nos protege y echa fuera el temor.
Resistamos al temor confiando en
Dios, porque nadie es mayor que Él. Nadie es más fuerte. Nadie lo puede vencer. Digamos con
confianza: "El Dios todopoderoso es mi defensa". Él dijo: “No temas; cree solamente.” Que el temor no nos paralice ni detenga. No cedamos jamás al engaño del miedo. Somos fuerte en Dios. Acudamos a Él. Él es nuestra defensa y nuestro refugio. Su protección nos rodea. El Dios que nos ama es nuestro Protector y nos libra de todo mal. Creamos en Él y en su Palabra: "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" Confiemos en que Él tiene el control de nuestra vida. Confiemos sin vueltas, como niños, y recuperemos la alegría recibiendo su paz.
domingo, 23 de agosto de 2015
Sin dramatismo
Algunas personalidades son más propensas que otras al dramatismo. Parecen percibir las situaciones magnificadas, aumentadas, aunque en realidad no sean tan difíciles. Las circunstancias de la vida, de por sí, nos provocan tensión y ansiedad. Pero es un buen hábito tratar de mantener la calma. No agregar dramatismo donde no lo hay. No poner tintes dramáticos donde realmente no los hay. Seguramente, alguna vez nos ocurrió porque no miramos de manera objetiva. Y nos desenfocamos. Veamos de la manera más objetivamente posible. "Limpiemos"
nuestros ojos de toda distorsión para ver con claridad. Echemos mano del dominio propio.
Pidamos sabiduría a Dios. Analicemos los factores y busquemos soluciones con ayuda de Dios.
Ciertamente, a Él no le sorprende lo que a nosotros nos toma desprevenidos. Él está más que dispuesto a darnos la solución, y hacer del suceso un escalón para nuestro crecimiento. Es interesante comprobar que muchas de las cosas que nos pueden desestabilizar, se desvanecen cuando asumimos la actitud adecuada y no dejamos que "cunda el pánico". Dios nos da dominio propio, estabilidad, paciencia y sabiduría. Pidámosle su ayuda. No nos desesperemos. Controlando el dramatismo... ¡seremos más felices!
domingo, 19 de julio de 2015
Empatía
¿Qué hay detrás de los enojos, las molestias, los rezongos,
la tristeza y la amargura? Es una buena pregunta para tener en cuenta cuando nos
ofenden, nos atropellan (verbal, física o emocionalmente) sin causa alguna. Lo
primero que puede surgir en nosotros es la reacción. Pero, ¿vale la pena que reaccione? ¿Qué lo lleva -o la lleva- a actuar de
esa manera? Creo que muy pocas personas actuarían de esa forma sólo
porque sí, “de pura maldad”, como suele decirse. El resto de los humanos generalmente
actuamos basados en un motivo subyacente, sumado o no, a una “reacción en
cadena” de otros tantos motivos que quizás no sean perceptibles para todos. Y lo único que vemos es el estallido externo.
Antes de reaccionar nos conviene deternos un instante que nos permite “tomar el
control” de nosotros mismos y de la situación (y ser “proactivos”). Evita que devolvamos
golpe por golpe, palabra por palabra. Permite la oportunidad de actuar con
empatía. Podemos ponernos un momento en el lugar del otro, y pensar que
realmente algo le ocurre, que no es visible, pero que lo está
moviendo abruptamente a actuar de manera irreflexiva, indebida y descortés.
Si tomamos un momento para no ser “reactivos”, seguramente se nos
pasará ese impulso inicial de “devolver” la palabra, el gesto o la
actitud. ¡Eso ya es en sí mismo todo un triunfo! Y es muy probable que la
otra persona se calme, al ver que no agredimos. Estaremos ayudándole a encontrar paz en medio de su propia dificultad. Por eso,
antes de reaccionar instintivamente, tomemos un instante. Eso marcará una gran
diferencia, y será un gran beneficio para nosotros y para los demás.
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