jueves, 8 de junio de 2017

Miradas

La mirada es palabra no pronunciada. La mirada también es comunicación. Puede transmitir lo que pensamos y sentimos; cómo somos y nuestro estado interno. Puede transmitir afecto o rechazo; emociones beneficiosas o nocivas. Percepciones recibidas; reacciones internas; juicios no emitidos; reflejos de nuestro raciocinio y también de nuestra vida emotiva. Por eso, cuando miramos, comunicamos; emitimos un mensaje.
Ciertamente la mirada de Jesús irradiaba amor, ternura, aceptación, y también indignación ante el pecado, firmeza, y fidelidad. Estaba cargada de aceptación y de compasión.
Consideremos nuestra propia mirada, nuestro propio mensaje para quienes nos rodean, con quienes compartimos nuestra vida diaria. Que podamos reflejar la vida de Cristo en nuestra mirada, para transmitir esperanza, llevar alivio, mostrar amor, manifestar que hay una respuesta al clamor de los que sufren, la cual se halla en Jesús. Que Jesús sea siempre nuestro ejemplo. Que nos dé ese amor celestial cada día para compartirlo y bendecir a quienes encontramos ante nuestros ojos.
 

lunes, 8 de mayo de 2017

Sólo creer

Podemos creer y confiar en alguien que nos ha demostrado su amor o su integridad, ¿no es cierto? Dios nos ha mostrado su amor incondicional. Todo lo que nos pide es que creamos en Él y confiemos sin dudar. ¡Su amor es real! Es una verdad irrefutable y transformadora. Un amor que nos cambia y nos hace fuertes.¡Es verdad! Millones y millones de personas ya lo hemos experimentado.
 
¿Te parece imposible? Pero es real. ¿Te sentís lejos? Pero, Dios está cerca, a tu lado. ¿Pensás que hiciste todo mal y que Dios no te quiere? ¡Dios te ama tal cual sos, más de lo que podés imaginar!

Si recibís a Jesús en tu corazón como Señor y Salvador, su gran amor hará de vos una nueva persona. Él nos hace hijos de Dios. Nos abre el Cielo y nos regala vida eterna. Dios, que no miente, lo prometió.
 
Si te arrrepentiste de lo malo y buscás lo bueno, si querés conocer a Dios, podés hablar con Él. Él te perdona  y te da una vida nueva. Podrás disfrutar de todo lo bueno y Dios te llenará de gozo el alma para siempre. Comprobalo por vos mismo. Los niños confían sin temor en quien los ama. Confiemos así, con sencillez. ¡Su amor y su bondad son infinitos!

sábado, 1 de abril de 2017

¡Te ama de tal manera...!

El ser humano no puede vivir sin amor. No es una frase hecha: realmente una persona muere si no recibe amor. Es un hecho fehaciente. ¡Cuántos relatos hemos oído sobre vidas que dieron un giro por la intervención de alguien! Alguien intervino en la vida de un niño y le prodigó amor y cuidados, lo cual lo llevó a ser un hombre de bien, exitoso y feliz. Intervenciones en vida de adultos o mayores... ¡Cuántas vidas se han salvado porque alguien los amó y en consecuencia hizo algo por ellos! Los relatos son profusos.

Dios nos ama de tal manera que intervino en la historia de la humanidad. Íbamos hacia un futuro oscuro y nefasto lejos de Dios. Pero Él se dio a conocer, envió a su Hijo Jesús para que nos mostrara el camino al Cielo. Ante todo, para que nos mostrara ¡de qué manera nos ama nuestro Creador! Jesús el Hijo de Dios murió en la cruz para que nosotros tengamos vida por siempre, y resucitó para rescatarnos y darnos un futuro feliz. 


Todo lo que nos pide Dios es que creamos en Él y confiemos en Su amor. Recibí a Jesús en tu corazón como Señor y Salvador. Su amor nos transforma en hijos de Dios herederos del Cielo y la vida eterna. 

Te ama de tal manera Dios que no duda en intervenir en tu realidad, aquí y ahora, para darte una vida diferente.
De tal manera te ama Jesús que murió y resucitó para que no mueras si no que vivas para siempre.
Él está con vos, esperándote para darte el mayor regalo: ¡la verdadera vida!

lunes, 13 de marzo de 2017

Estamos seguros

¿Quién puede estar seguro en un mundo lleno de inseguridad? En un tiempo de tanta violencia y falta de humanidad, ¿quién puede vivir en paz y sin temor?... Para muchos la respuesta es "Nadie". “Nadie que esté en su sano juicio.” Sin embargo, quienes confiamos en Dios tenemos la seguridad de que Dios cumple sus promesas. Lo sabemos. Y muchas de las promesas que nos ha dejado se refieren a la seguridad, al vivir seguros y al vivir en paz. El Dios que nos creó sabe que necesitamos su ayuda y nos dejó de antemano promesas que nos alientan y tranquilizan. Eso nos da una  inefable seguridad y un fuerte consuelo.
 
Él prometió estar con nosotros siempre. Prometió ayudarnos. Prometió ser nuestra defensa y nuestro escudo. Nuestro refugio es Él. Nuestro sustentador y protector. Nos prometió su compañía y una vida abundante y vida eterna. ¡Sabemos que Él siempre cumple sus promesas!  

¿Hasta ahora anduviste por caminos lejos de Dios, hiciste todo mal, dudaste de su amor, no le creíste? Si te arrepentís de todo eso y confiás en su amor, Él te perdona como un Padre amoroso perdona a su hijo que se equivoca. Te animo a confiar. Todavía estás a tiempo de vivir una vida diferente sin temor. ¡Aunque parezca que en el mundo esté casi todo mal! Dios es bueno. Incontable número de personas, millones y millones en todo el mundo,  ¡lo sabemos!

 No te sientas excluído: esas promesas son para todo el que acepte creer y recibirlas. Dios será tu Padre Bueno y vos podrás ser su hijo.  Creé que Jesucristo es el Hijo de Dios y recibilo como Señor y Salvador. Él murió en la cruz y resucitó para darnos vidas con propósito y vida eterna. Su amor nos libera de todo temor. Hablá con Dios. Él te ama como nadie. ¡Y nunca falla!

lunes, 20 de febrero de 2017

Fragilidad y fuerza

No nos gusta ser frágiles ni vulnerables. Quisiéramos ser tan fuertes que nada nos dañe. Pero somos así: vulnerables. Si sufrimos un corte, sangramos. Depende de la herida, pero hasta podríamos morir si no obtuviéramos ayuda. Si chocamos con algo fuertemente, o tenemos una caída, hasta los huesos pueden astillarse o quebrarse. Los músculos y tendones también pueden herirse aunque tienen fuerza y resistencia. Nuestro cuerpo sigue siendo frágil aunque pueda hacer proezas deportivas o de fuerza. Cada partícula de nuestro ser nos recuerda que somos “finitos” y “mortales”. Y aunque todos quisiéramos no serlo, tiene un propósito: volver nuestro corazón a Aquel que es infinito, eterno y Todopoderoso: el Dios que nos ama y nos sustenta.

Nuestra condición de mortales hace posible la empatía, la compasión. Podemos poner en práctica el amor por el prójimo, la misericordia, la generosidad, el trabajo en grupo, y tantas cosas más. Nos ayuda a dejar de pensar en lo material para enfocarnos en las personas. Disminuye nuestro egoísmo para pensar en los demás. Si fuéramos fuertes e invulnerables, seguramente seríamos pedantes, autosuficientes, egoístas y orgullosos. Así es la naturaleza humana. Nuestra finitud pone límite a nuestra arrogancia.
¿Alguna vez pensaste qué actitudes tendrías si no tuvieras tantas “limitaciones”? Quizás muchas serían diferentes a las actuales. ¡Por algo Dios nos pide quee seamos como niños! Tan humildes, dependientes, conscientes de las limitaciones, necesitados de ayuda y de “otro”. Dios es sabio y nos ama tanto que ha querido librarnos de muchos males. Siempre anhela tenernos cerca para cuidarnos y enseñarnos todas las cosas. Basta solamente con que le creamos y dependamos de Él. 
 
Somos realmente fuertes cuando reconocemos que somos frágiles, que sin su ayuda no podríamos vivir. En eso radica toda la fuerza, el vigor, el tesón, la perseverancia, la “resiliencia” que necesitamos para toda circunstancia.
Confiemos en Dios. Él nos da incluso sabiduría, amor, fortaleza, alegría y todo lo que nos falte. Dependamos de su amor y de su poder. Él es bueno y siempre fiel.

lunes, 9 de enero de 2017

Pacificadores

En un mundo que parece cada vez más violento, los pacificadores pueden parecer seres de otro siglo. Sin embargo, hay una riqueza oculta en ser un pacificador: eso trae gozo a tu vida y a la vida de otros.
Un pacificador hace todo por traer paz en cualquier situación adversa. Hará más que lo posible por terminar conflictos y enfrentamientos. Con diálogo, sin negociar valores ni transigir al pecado, pero procurando acuerdos. El pacificador propiciará un ambiente de serenidad para la reflexión y una toma de decisiones consciente y no emocional o pasional. 
 
La mansedumbre es un regalo de Dios. El carácter pacífico y manso, fuerte en su firme tranquilidad, es resultado de un proceso que nos enseña a valorar la belleza de la paz  
Los pacificadores son seres "mansos", llenos de mansedumbre. Una característica especial que nos hace lentos para enojarnos y a la vez fortalece nuestro carácter para no ser esclavo de las emociones.
  
Busquemos la paz, y busquemos ser pacificadores. Que cuando lleguen los conflictos nos encuentren bien parados en nuestra certeza: es mejor la paz, siempre.

La Biblia dice que Dios es nuestra paz, y que Él nos da su paz, esa paz que es verdadera y duradera. 
Hablemos con Dios, como con un amigo, y permitamos que Él nos enseñe, porque Él es Dios de paz.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Semejantes

Se acerca fin de año y empezamos a hacer balances, en todo sentido y en muchas áreas. Solemos evaluar nuestras metas alcanzadas, los proyectos cumplidos. Sin embargo, es importante evaluar nuestra vida interior, espiritual, trascendente. Examinarnos con una instrospección sincera. Anhelamos ser mejores personas; más semejantes a Jesús. ¡Esa es la meta ineludible y proseguimos! 

Queremos ser más como Vos, Señor. Más semejante a Vos. Al menos, imitar tu corazón inigualable, tu ternura, tu compasión. Tener la sonrisa espontánea. Dar los abrazos que sanan. Tener las palabras justas. Tener el amor que rebosa y salpica; ese amor que echa fuera el temor.  Ese amor de Dios que ahuyenta hasta miedos ajenos. Amor que acepta. Que recibe y transforma. Amor que redime y da vida. Es una meta que no acaba acá en esta tierra; lo sé. Pero, al menos, un poco más cada día, quiero parecerme más a Vos.

Cuando vemos la realidad que nos rodea, muchos deseamos ser más como Vos, para poder llevar vida, alivio, salud y paz. Para mitigar dolores y cambiar circunstancias. Para que todos sepan que hay salida.

En este último mes del año, quiero ver lo que todavía tengo que cambiar. Ayudame, Señor, con ese cambio interno que solamente Vos podés hacer. El mundo te necesita. Nosotros, tu Iglesia, te necesitamos. Porque parte de nuestra misión es, también, ser más como Vos, para que muchos puedan conocerte. Ayudanos ser apasionados por crecer continuamente, por vivir con Vos y para Vos. Amando, viviendo conforme a tu Palabra, haciendo tu voluntad. Valdrá la pena todo lo vivido, si al final del año te conocemos más, ¡y nos parecemos más!