lunes, 7 de agosto de 2017

Existe

Podemos dudar del aire porque no lo vemos, pero existe. Es invisible pero nos da vida. De igual manera, podemos dudar de Dios porque no lo vemos, pero Él existe. Es invisible, pero nos da vida. Le importamos a Dios. Dios nos ama como nadie. Él nos hizo, creó todo, incluso a cada uno de nosotros. Anhela que podamos conocerlo y le permitamos ser parte de nuestra vida. 

Dios nos mira. Nos conoce. Sabe todo de nosotros. Sabe cómo somos, sabe de nuestra fragilidad y conoce nuestra necesidad. Él quiere ayudarnos.

Sin embargo, Dios nos respeta y respeta nuestras decisiones. Por eso espera que confiemos en Él, como Él nos pide. Que lo busquemos y le hablemos. La vida es distinta cuando lo invitamos a Él a ser parte. Si querés, podés decirle hoy: 
"Dios, quiero conocerte, y conocer tu amor por mí. Ayudame, por favor, enseñame todas las cosas para  experimentar esa vida diferente que nos ofrecés. Ayudame a ser cada día mejor, por amor a vos. ¡Gracias!"

viernes, 28 de julio de 2017

Luz

Por el mero hecho de estar, la luz disipa la oscuridad. Una lámpara, una linterna, una luz de emergencia, un dispositivo electrónico, son elementos que dependen de una fuente de energía que los alimenta y los mantiene capaces de iluminar y de cumplir su función. También nosotros dependemos de una Fuente: Dios mismo es nuestra fuente de Luz y de Poder.  La vida cristiana es una vida expuesta, que se muestra y se exhibe aunque no nos demos cuenta. Se percibe tanto como una luz en la oscuridad. Se difunde hasta "casi involuntariamente". En este mundo de hoy, vemos una apremiante necesidad de la luz de lo genuino, algo que indique el camino para salir de la oscuridad. 
 
Cuando acercamos luz a un recinto oscuro, “la oscuridad retrocede”. De la misma manera, Jesús “ilumina este mundo” incluso en lo cotidiano trayendo vida y libertad. Él, quien dijo “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas”, nos encomendó la tarea que Él mismo comenzó. Nos dijo: “Ustedes son la luz del mundo”. Y lo somos por medio de Él, por la fe. Para ser esa luz se requiere ser auténticos. Seamos auténticos, sinceros, que el amor nos motive. Son nuestras actitudes, acciones y reacciones, decisiones y determinaciones, las que proyectan una fuerte convicción de quiénes somos realmente, de manera tan clara, que los hechos acallan las palabras.
 
Dispongámonos a desarrollar esa "capacidad de iluminar", de bendecir. No de "brillar para inflar el ego", ni de ser "una estrella". No hay luz alguna en eso. Permitamos que Jesús reine en nuestro corazón y nos transforme continuamente. Nuestra esencia misma como hijos de Dios nos hace portadores de su luz. Por eso podemos iluminar sin esfuerzo alguno, como una lámpara ilumina el lugar donde está. 
 
Manifestamos lo que somos, pero siempre dependientes de la Fuente. Dios es la fuente y el origen de lo bueno. La fuente de nuestra vida, de nuestra fuerza y de nuestra alegría. Nacimos para mostrar las maravillas de Dios y su amor por la humanidad. Eso es posible cuando vivimos en comunión con Él y con su compañía. 
 
Que se vislumbre su luz y que pueda irradiarse libremente y sin ostáculos. Que muchos puedan salir de la oscuridad en que están cautivos. Ese es el anhelo de Dios.

jueves, 8 de junio de 2017

Miradas

La mirada es palabra no pronunciada. La mirada también es comunicación. Puede transmitir lo que pensamos y sentimos; cómo somos y nuestro estado interno. Puede transmitir afecto o rechazo; emociones beneficiosas o nocivas. Percepciones recibidas; reacciones internas; juicios no emitidos; reflejos de nuestro raciocinio y también de nuestra vida emotiva. Por eso, cuando miramos, comunicamos; emitimos un mensaje.
Ciertamente la mirada de Jesús irradiaba amor, ternura, aceptación, y también indignación ante el pecado, firmeza, y fidelidad. Estaba cargada de aceptación y de compasión.
Consideremos nuestra propia mirada, nuestro propio mensaje para quienes nos rodean, con quienes compartimos nuestra vida diaria. Que podamos reflejar la vida de Cristo en nuestra mirada, para transmitir esperanza, llevar alivio, mostrar amor, manifestar que hay una respuesta al clamor de los que sufren, la cual se halla en Jesús. Que Jesús sea siempre nuestro ejemplo. Que nos dé ese amor celestial cada día para compartirlo y bendecir a quienes encontramos ante nuestros ojos.
 

lunes, 8 de mayo de 2017

Sólo creer

Podemos creer y confiar en alguien que nos ha demostrado su amor o su integridad, ¿no es cierto? Dios nos ha mostrado su amor incondicional. Todo lo que nos pide es que creamos en Él y confiemos sin dudar. ¡Su amor es real! Es una verdad irrefutable y transformadora. Un amor que nos cambia y nos hace fuertes.¡Es verdad! Millones y millones de personas ya lo hemos experimentado.
 
¿Te parece imposible? Pero es real. ¿Te sentís lejos? Pero, Dios está cerca, a tu lado. ¿Pensás que hiciste todo mal y que Dios no te quiere? ¡Dios te ama tal cual sos, más de lo que podés imaginar!

Si recibís a Jesús en tu corazón como Señor y Salvador, su gran amor hará de vos una nueva persona. Él nos hace hijos de Dios. Nos abre el Cielo y nos regala vida eterna. Dios, que no miente, lo prometió.
 
Si te arrrepentiste de lo malo y buscás lo bueno, si querés conocer a Dios, podés hablar con Él. Él te perdona  y te da una vida nueva. Podrás disfrutar de todo lo bueno y Dios te llenará de gozo el alma para siempre. Comprobalo por vos mismo. Los niños confían sin temor en quien los ama. Confiemos así, con sencillez. ¡Su amor y su bondad son infinitos!

sábado, 1 de abril de 2017

¡Te ama de tal manera...!

El ser humano no puede vivir sin amor. No es una frase hecha: realmente una persona muere si no recibe amor. Es un hecho fehaciente. ¡Cuántos relatos hemos oído sobre vidas que dieron un giro por la intervención de alguien! Alguien intervino en la vida de un niño y le prodigó amor y cuidados, lo cual lo llevó a ser un hombre de bien, exitoso y feliz. Intervenciones en vida de adultos o mayores... ¡Cuántas vidas se han salvado porque alguien los amó y en consecuencia hizo algo por ellos! Los relatos son profusos.

Dios nos ama de tal manera que intervino en la historia de la humanidad. Íbamos hacia un futuro oscuro y nefasto lejos de Dios. Pero Él se dio a conocer, envió a su Hijo Jesús para que nos mostrara el camino al Cielo. Ante todo, para que nos mostrara ¡de qué manera nos ama nuestro Creador! Jesús el Hijo de Dios murió en la cruz para que nosotros tengamos vida por siempre, y resucitó para rescatarnos y darnos un futuro feliz. 


Todo lo que nos pide Dios es que creamos en Él y confiemos en Su amor. Recibí a Jesús en tu corazón como Señor y Salvador. Su amor nos transforma en hijos de Dios herederos del Cielo y la vida eterna. 

Te ama de tal manera Dios que no duda en intervenir en tu realidad, aquí y ahora, para darte una vida diferente.
De tal manera te ama Jesús que murió y resucitó para que no mueras si no que vivas para siempre.
Él está con vos, esperándote para darte el mayor regalo: ¡la verdadera vida!

lunes, 13 de marzo de 2017

Estamos seguros

¿Quién puede estar seguro en un mundo lleno de inseguridad? En un tiempo de tanta violencia y falta de humanidad, ¿quién puede vivir en paz y sin temor?... Para muchos la respuesta es "Nadie". “Nadie que esté en su sano juicio.” Sin embargo, quienes confiamos en Dios tenemos la seguridad de que Dios cumple sus promesas. Lo sabemos. Y muchas de las promesas que nos ha dejado se refieren a la seguridad, al vivir seguros y al vivir en paz. El Dios que nos creó sabe que necesitamos su ayuda y nos dejó de antemano promesas que nos alientan y tranquilizan. Eso nos da una  inefable seguridad y un fuerte consuelo.
 
Él prometió estar con nosotros siempre. Prometió ayudarnos. Prometió ser nuestra defensa y nuestro escudo. Nuestro refugio es Él. Nuestro sustentador y protector. Nos prometió su compañía y una vida abundante y vida eterna. ¡Sabemos que Él siempre cumple sus promesas!  

¿Hasta ahora anduviste por caminos lejos de Dios, hiciste todo mal, dudaste de su amor, no le creíste? Si te arrepentís de todo eso y confiás en su amor, Él te perdona como un Padre amoroso perdona a su hijo que se equivoca. Te animo a confiar. Todavía estás a tiempo de vivir una vida diferente sin temor. ¡Aunque parezca que en el mundo esté casi todo mal! Dios es bueno. Incontable número de personas, millones y millones en todo el mundo,  ¡lo sabemos!

 No te sientas excluído: esas promesas son para todo el que acepte creer y recibirlas. Dios será tu Padre Bueno y vos podrás ser su hijo.  Creé que Jesucristo es el Hijo de Dios y recibilo como Señor y Salvador. Él murió en la cruz y resucitó para darnos vidas con propósito y vida eterna. Su amor nos libera de todo temor. Hablá con Dios. Él te ama como nadie. ¡Y nunca falla!

lunes, 20 de febrero de 2017

Fragilidad y fuerza

No nos gusta ser frágiles ni vulnerables. Quisiéramos ser tan fuertes que nada nos dañe. Pero somos así: vulnerables. Si sufrimos un corte, sangramos. Depende de la herida, pero hasta podríamos morir si no obtuviéramos ayuda. Si chocamos con algo fuertemente, o tenemos una caída, hasta los huesos pueden astillarse o quebrarse. Los músculos y tendones también pueden herirse aunque tienen fuerza y resistencia. Nuestro cuerpo sigue siendo frágil aunque pueda hacer proezas deportivas o de fuerza. Cada partícula de nuestro ser nos recuerda que somos “finitos” y “mortales”. Y aunque todos quisiéramos no serlo, tiene un propósito: volver nuestro corazón a Aquel que es infinito, eterno y Todopoderoso: el Dios que nos ama y nos sustenta.

Nuestra condición de mortales hace posible la empatía, la compasión. Podemos poner en práctica el amor por el prójimo, la misericordia, la generosidad, el trabajo en grupo, y tantas cosas más. Nos ayuda a dejar de pensar en lo material para enfocarnos en las personas. Disminuye nuestro egoísmo para pensar en los demás. Si fuéramos fuertes e invulnerables, seguramente seríamos pedantes, autosuficientes, egoístas y orgullosos. Así es la naturaleza humana. Nuestra finitud pone límite a nuestra arrogancia.
¿Alguna vez pensaste qué actitudes tendrías si no tuvieras tantas “limitaciones”? Quizás muchas serían diferentes a las actuales. ¡Por algo Dios nos pide quee seamos como niños! Tan humildes, dependientes, conscientes de las limitaciones, necesitados de ayuda y de “otro”. Dios es sabio y nos ama tanto que ha querido librarnos de muchos males. Siempre anhela tenernos cerca para cuidarnos y enseñarnos todas las cosas. Basta solamente con que le creamos y dependamos de Él. 
 
Somos realmente fuertes cuando reconocemos que somos frágiles, que sin su ayuda no podríamos vivir. En eso radica toda la fuerza, el vigor, el tesón, la perseverancia, la “resiliencia” que necesitamos para toda circunstancia.
Confiemos en Dios. Él nos da incluso sabiduría, amor, fortaleza, alegría y todo lo que nos falte. Dependamos de su amor y de su poder. Él es bueno y siempre fiel.