jueves, 2 de agosto de 2012
miércoles, 1 de agosto de 2012
Crepuscular
y los altos edificios.
Cables y antenas
entretejen su destino.
Un momento ríe la calle
con un par de chiquillos.
El cabello alborotado,
bajo el brazo algún libro.
Frío. Intensamente frío.
El cielo azul
ahora teñido
con púrpura de ocaso,
se vuelve cristalino.
Se congelan las estrellas,
arriba en el infinito.
La calle está quieta.
De pronto, un silbido.
Pasos rápidos,
las manos en los bolsillos.
Y de nuevo la calma
se desploma en el frío.
En las esquinas
la luz ha tejido
telarañas
en los árboles vacíos.
La luna recuesta en la torre
su rostro aterido
y nieva su plata
en la copa de un pino.
domingo, 22 de julio de 2012
Confiar
La vida puede ser (y, de hecho, lo es) una experiencia difícil y compleja. Pero debemos recordar que hay Alguien que vigila por nosotros: Dios nunca nos deja. Él no nos ha dejado a la deriva. Siempre está con nosotros. ¡Pero debemos creerle!
Podemos darle todo lo que nos preocupa y depositar nuestra confianza en Él. Podemos confiar en el cuidado de nuestro Dios. La paz que resulta de creerle a Dios no tiene comparación.
Esa paz está disponible para todos. Sólo tenemos que pedirla. Dios sabe que necesitamos su ayuda y espera que hablemos con Él.
Salmo 121:
1-2: ”Levantaré mis
ojos a los montes: ¿de donde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que
hizo los cielos y la tierra.”
Con Dios realmente se puede vivir confiados.
viernes, 22 de junio de 2012
Expectativas
Expectativas en Dios
Nuestras ex-pectativas humanas sue-len ser cohe-rentes, lógicas, previsibles ya que trabajamos en pos de ellas. Está bien esperar el resultado que previmos o alcanzar un objetivo dispuesto de antemano. Pero hay un factor que escapa a nuestro intento por encasillarlo: la fe. Podemos tener expectativas humanas, solamente, o tener además la expectativa de la fe. ¡ Hay un esperar en la fe! Si me he puesto una meta y espero alcanzarla, en mi familia, mi trabajo, mi estudio, mi profesión o en cualquier área de la vida, puedo esperar “lo que espero” y además dar lugar a la fe .
¿Y si empezamos a esperar “más allá” de l oprevisible?. Vamos a agradar el corazón de Dios, porque la fe le agrada. La fe traspasa el límite de mi capacidad de planificar, y de soñar, significa que cuento con los objetivos fijados, pero sobre todo con la intervención de Dios. Él “endereza delante de mí “ el camino”. Y añade lo que falta. Podemos esperar lo imaginable, aquello por lo cual planificamos y trabajamos...pero demos lugar a la expectativa en Dios. La fe se goza de antemano, esperando en Dios, viendo lo invisible, que está en proceso de hacerse visible ante los ojos llenos de asombro.
“Es pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Ro.11:1).
Y Él hace más abundantemente de lo que pedimos o entendemos (Ef.4:20 b).
martes, 29 de mayo de 2012
Él nos amó primero
martes, 22 de mayo de 2012
Los platos pueden esperar
El largo día de trabajo se siente sobre los hombros.
Después de la cena, los platos esperan apilados en la mesada. Todavía el rito de preparar la ropa para el próximo día no se inicia. ¿Quizás sea necesario hacerlo todo un poco más rápido? Y finalmente poder ir a descansar.
Mientras el agua corre y el detergente cae sobre la esponja, se escuchan pasitos suaves, de medias en el piso y unos ojitos bien abiertos se asoman detrás del libro, se escucha una pequeña carcajada y el pedido no se deja esperar.
¿Leer? ¿A esta hora, con todo por hacer?
"Sí, sí, es cierto que ya es la hora de ir a la cama. Bueno, vamos a leer tu libro..."
Con un ojo en el reloj y otro en las páginas del cuento, casi saltando de párrafo en párrafo, la historia llegó a su fin. La oración y el beso de buenas noches dichas casi en una sola frase y la protesta sobre leer otro cuento más aparece en su carita...
Detenerse un momento... A veces, sólo es necesario detenerse. Si no nos detenemos, ¿cuántos abrazos, besos, cuentos, oraciones y juegos sin disfrutar, perdidos para siempre?
Los platos nos pueden esperar; ellos no. Sólo serán niños esta vez.
Podés encontrar las palabras de Jesús en: Lucas 10:40 - 42.

