domingo, 2 de marzo de 2014

Bueno y breve, más que bueno

 Una palabra puede cambiar rumbos, decisiones, situaciones, vidas.
"La palabra a su tiempo,¡cuán buena es!".(Proverbios 15:23).

No es necesario decir demasiado, sino suficiente. 
Suficiente para animar; para afirmar; para mostrar afecto, confianza, respaldo; para encauzar; para reconsiderar; para esperar, o para decidir.
No dudés en hablar cuando considerás que es palabra buena y a tiempo. Si es palabra que edifica a los demás, aunque breve, será más que buena.

sábado, 15 de febrero de 2014

Momentos fugaces

La vida entera es una sucesión de momentos fugaces que pueden pasar desapercibidos. Depende de nosotros disfrutarlos, atesorarlos y hacer de ellos momentos fructíferos -para nosotros y para otros. 
No perdamos esos momentos únicos. Es más, procuremos que cada momento sea un recuerdo inolvidable. Ese tiempo que pasó no volverá. Sin embargo, cada instante es una oportunidad para progresar y crecer, para mejorar, para corregir, para decidir mejor, para ser mejores personas y ayudar. 

Procuremos hacer de cada día, un gran día. Tomando buenas decisiones, hablando palabras que hagan bien, manteniendo una buena actitud y una buena relación con los demás. Aprovechemos al máximo el tiempo que Dios nos regala. Decidamos que vamos a vencer con el bien el mal. Hagamos que "nuestro mundo" (ese entorno en el que vivimos) sea afectado positivamente por nuestra presencia allí.
 
 
La vida es una sola y no se repite. Tenemos la oportunidad de vivir a pleno, pero hagámoslo de manera tal que cuando miremos atrás, veamos que valió la pena. Decidamos cómo queremos vivir y trabajemos en pos de eso.  Construyamos un lugar de paz, de reposo, un refugio de bendición para nuestra familia que también alcanzará a otros. 
En cada momento hay oportunidad de hacer algo de valor trascendente: cuando amamos a Dios, cuando hablamos de Jesús, cuando hacemos el bien, cuando alentamos y ayudamos, ese momento fugaz puede tener alcance eterno. 

martes, 21 de enero de 2014

Nota para vos

Estoy seguro de que esta nota te llega en el momento indicado; leela con atención:
¿Sabés que sos una persona más especial para Dios? Él te está viendo en este momento tal cual sos y sabe perfectamente de tu situación, de lo que has hecho mal, de tu dolor y aunque te sientas rechazada, Dios te dice en este momento:
“Vos sos lo más hermoso para mí. Quiero restaurarte, quiero que sepas que aunque tal vez te sentís miserable, yo veo en vos un valor incalculable. La miseria que ves en vos, yo la convertiré en una piedra preciosa, un instrumento de mi amor, para que otros vean las maravillosas obras que yo puedo hacer. Levantate ahora, criatura mía, sacudite el polvo de tu tristeza y vestite con mi misericordia. Tomá todos tus harapos y acercate a mí. Vení así como estás. Voy a cambiar esas ropas que tenés y las transformaré con mi amor. No pensés que todo es en vano. Yo nunca desecho a quien viene a mí. 
¿Te preguntás "Cómo empiezo"? Abrí tu corazón a mi amor, y contame lo que te falta, lo que te aqueja. Poné delante de mí tus debilidades y dejá que yo obre. No esperés que suceda algo mágico; dejame ordenar todo lentamente. No te sorprendás de que todo se dé vueltas (como no lo imaginabas); mirá que mi mano está construyendo y deshaciendo lo que debe cambiar, lo que debe ser restaurado.

Podés repetir las palabras del Salmo 86:3–7:
“Ten misericordia de mí, oh Señor; porque a ti clamo cada día.  Alegra el alma de tu siervo; porque a ti, oh Señor, levanto mi alma. Porque tú, Señor, [eres] bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
Escucha, oh Señor,  mi oración, y está atento a la voz de mis ruegos.  En el día de mi angustia te llamaré; porque [tú] me respondes. " 
Ahora solamente amá,  apartate de lo malo y hacé lo bueno. ¡Y te prometo que yo te bendeciré!

jueves, 2 de enero de 2014

Año nuevo, vida nueva

El año nuevo nos llena de expectativas y esperanza. Pensar en el futuro despierta en nosotros con más fuerza las ganas de emprender, de soñar y de planificar. Pareciera que todas las cosas tienen un nuevo comienzo. La sensación que tenemos es la de percibir todo como “nuevo”. Los planes, los proyectos, el estudio, el trabajo, las dietas, las rutinas diarias, de repente, adquieren “calidad de nuevo”. Queremos hacer, como suele decirse, “borrón y cuenta nueva” y empezar una página en blanco. Aclarar las ideas, desenmarañar los conflictos, pensar soluciones, buscar con más orden una estrategia de acción para tratar con lo nuevo, con lo que viene. 
El inicio del año también nos transmite la idea de que “todo puede cambiar tan fácil como cambiamos de año". Eso suma entusiasmo y fuerza. Incluso parece que podríamos dejar atrás las cosas que no nos gustan, lo que ya no queremos en el nuevo tiempo. Pero, los cambios se generan con decisiones: veamos qué cosas mejorar, qué cosas podemos y debemos cambiar y decidamos. 
La buena noticia es que Dios puede darnos un nuevo comienzo, una nueva oportunidad. Si creemos en Él, nos da un corazón nuevo y una mente renovada. Un vida nueva con Dios en la que todo es posible, hasta esas cosas que por años quisimos cambiar y no pudimos. Por la fe en Jesús, el Hijo de Dios, se nos da una vida abundante, y una vida que no se acabará jamás. Recibimos paz, porque Él quita la culpa que el mal nos deja en el alma cuando no obramos bien. Y además, somos hechos hijos de Dios, con todo lo que eso implica.
Este año nuevo puede darte una vida nueva de verdad. Solamente hay que tomar la decisión de confiar en Dios. Recibamos todo lo bueno que Dios tiene en este año. Empecemos a disfrutar de esos planes de Dios y seamos parte de ellos. Con Él todo es posible.

viernes, 27 de diciembre de 2013

La buena noticia

Los seres humanos tenemos inteligencia y raciocinio, una conciencia moral que nos hace entender el bien y el mal, y una voluntad que nos permite elegir entre ambos; y capacidad afectiva: la capacidad de amar, de sentir emociones.

Podemos ejercer nuestra voluntad, gracias a la libertad de decisión (libre albedrío), lo cual significa que podemos elegir lo bueno y hacer  lo bueno. Incluso elegir las emociones  buenas. O lo contrario. Es nuestra elección. 

Tenemos una inclinación al mal que es innata. Pero, gracias a Dios, esa condición no es  irreversible. Desde que  Adán y Eva (el primer hombre y la primera mujer), decidieron ser independientes y alejarse de Dios, afectaron a la humanidad entera, al punto de tomar decisiones tanto equivocadas como inconcebibles. El resultado es que el mundo actual sea como es. Dios, que es generoso y bueno, proveyó la posibilidad de volver a tener un corazón que ame lo bueno y haga lo bueno. Cada uno de nosotros podemos decidir libremente.

Podemos elegir acercarnos a Dios, volver a Dios después de habernos alejado tanto. Podemos cambiar de rumbo y hacer lo que agrada a Dios. Si nos arrepentimos, todo el poder de Dios está disponible para ayudarnos a vivir una vida digna y maravillosa.

Él nos da un corazón nuevo, una nueva naturaleza; nos hace hijos de Dios de modo que podemos hablar con Él como un hijo a su Padre. Con la diferencia de que Dios es el Padre Perfecto, el que todos quisieran tener. La Biblia dice: “A los que creen en su nombre, les dio derecho de ser llamados hijos de Dios”.

Creyendo en Jesús, reconociendo nuestros pecados y errores, podemos arrepentirnos, pedirle perdón y acercarnos a Él con confianza. Porque estábamos lejos de Dios, pero Él envió a su Hijo. Él vino a buscarnos para que tengamos vida y vida eterna por medio de Él. 
Esta es la buena noticia. Este es el mensaje del evangelio. El mensaje de Navidad es un mensaje de vida y alegría sin fin. Un mensaje de Dios para vos. Para que también puedas decir: “Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor.” (1 Juan 4:16, NVI).



 


 



sábado, 7 de diciembre de 2013

Muy guardados

¡Dios cuida de mí! Como un niño entre tules, encajes y cuidados, mi alma está segura en Él, confiada. El Dios que me creó me ama como nadie.

Como hijos de Dios, podemos sabernos muy amados, sumamente protegidos, a salvo, seguros. 

El amor de Dios es real. Muy real. Su amor está muy presente cuidando de mí, de vos, de todos. Cuidando de todo.  El amor de Dios nos guarda. ¡Maravilloso Dios!

A lo largo de la vida, descubriremos que su amor nos ha protegido siempre. Cuando hallamos “espinas" en nuestro camino, cuando afrontamos decepciones, cuando salimos ilesos de un fracaso aprendiendo una gran lección inolvidable, Dios estuvo allí, a nuestro lado. 

Su amor nos guarda en tiempos de alegría y en tiempos difíciles, de igual manera. Inalterable. Incomparable.

En crisis, desconsolados o desconcertados, o felices y en un gran momento, Dios nos sostiene, de igual manera. Está ahí, como siempre. Muy cerca. No se aleja jamás. Nunca nos dejará.

Podemos descansar en Él en todo tiempo. Somos muy amados. Somos muy guardados. 

“Fiel es el Señor, que los afirmará y guardará del mal.” 2 Tesalonicenses 3:3

lunes, 7 de octubre de 2013

Quiero ser como Vos

Crecer lleva tiempo. En lo natural y en el desarrollo de nuestro potencial también. La formación integral es profunda, compleja y requiere perseverancia, dedicación y amor. Crecemos como individuos en múltiples facetas y formas. 
 
Crecer es más fácil cuando creemos en Dios y confiamos en su gran amor. Cuando el amor de Dios crece en nuestro corazón, eso significa que somos un poquito más como Él. Significa que Él está transformándonos para ser mejores personas. Él preparó de antemano los talentos y capacidades que tenemos y preparó además un plan para nuestra vida. Nuestro futuro es dichoso con Él.
Progresamos, buscamos desarrollarnos en todo. Pero, ser cada día más como Él es la meta que nos llevará toda la vida. Mi oración "Yo quiero ser como Vos, Señor" debe ser un anhelo diario.
 
Yo elijo cada día vivir con su compañía. Elijo avanzar, pero con su ayuda. Elijo construir y edificar. Elijo obedecer a Dios porque yo lo amo y Él me ama con amor eterno. 
Sé que su poder infinito me sostiene y me sustenta. Con Dios en nuestra vida, todo es grandioso porque resulta para bien. ¡La vida misma es una estupenda aventura!