Créditos:
Imagen: Rembrandt-"Christ in the Storm on the Lake of Galilee"
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Imagen: Rembrandt-"Christ in the Storm on the Lake of Galilee"
Pensaba en eso y recordé que muchas veces se nos cuestiona nuestro afán de hablar de Dios, de Jesús y de la Biblia. Simplemente, no se han dado cuenta de que el pecado y sus efectos constituyen una pandemia mayor en el corazón del hombre... y suele pasar desapercibida. El pecado es como una enfermedad espiritual que aleja de Dios y te sume en la desesperanza. Te ofrece placeres pasajeros para quitarte los mejores deleites que podés disfrutar aquí y por la eternidad. Pero, Dios mismo nos ha dado la salida: envió a Jesús para rescatarnos y liberarnos del poder del pecado y de la muerte. Sólo pide que reconozcamos que necesitamos ayuda, y confiemos en Él.
Por eso, sería un crimen que, teniendo la solución para el pecado y sus consecuencias, no lo compartiéramos con la humanidad.
Compartimos lo que hemos recibido de Dios: Jesús vino a darnos vida y vida eterna.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16).
Comprobalo por vos mismo.
Tiempos en verdad difíciles. Mucha gente con el nerviosismo a flor de piel. Las situaciones que se viven predisponen a roces, a reacciones y acciones desesperadas. En esta parte del hemisferio, el invierno cercano ha suscitado alertas y alterado más los ánimos. El norte ya pasó por esto: otra etapa pandémica en invierno. Para muchos, el solo pensarlo significa una seria preocupación con varias aristas. Preocupan las relaciones porque se limitó al círculo familiar con el que se convive a diario. Preocupa la dificultad de contactarse con seres queridos, mayores, ancianos, que viven en otro lugar. Preocupa la salud psicológica de algunas personas, trastornos que se acentúan al permanecer en su casa. Preocupa la economía, la disminución de ingresos por la actividad limitada. El avance de la pobreza, la inflación. Nos corresponde hacer nuestra parte. Acciones y oraciones.
Si miramos más allá de lo que vemos a diario, si nos detenemos a observar con atención (aunque sea desde una terraza en una ciudad ruidosa), descubriremos cosas que siempre estuvieron ahí. Hay detalles que esperan ser descubiertos. Lo verás. Siempre podemos encontrar algo nuevo y bello en lo cotidiano. Incluso en las personas.