jueves, 6 de diciembre de 2012

Una mirada diferente

"¿Cómo te ves? ¿Te pesa la carga histórica y sociocultural que pareciera persistir sobre el género femenino? ¿Todavía te pesan los mitos y las limitaciones (a veces hasta eclesiásticas) incluso cuando Dios te está llamando a que "cumplas tu ministerio"? ¿O estás disfrutando de "la libertad conque Cristo nos hizo libres"?  Podemos hacer lo que Dios desea que hagamos; lo que es específico, y lo que Él decida.
 Dios ha diseñado nuestra vida, propósitos que solo nosotras podemos cumplir. Es una verdad impactante el hecho de que la mujer tiene, así como el hombre, una misión dada por Dios. Y esto no significa simplemente acompañar al hombre, complementar el ministerio del hombre, y ayudar al hombre para que cumpla su llamado. Eso está bien, y es así en muchísimos casos. No obstante, hay un diseño, un plan, una misión, un proyecto ideado por Dios y no por hombres. Ese proyecto de vida que tenemos que cumplir de manera individual y como mujeres de Dios. Esto no significa de ninguna manera adoptar posturas del sistema mundano para competir y dividir; no olvidemos quiénes somos y qué Espíritu tenemos. 
Cuando hablamos del proyecto ideado por Dios nos referimos a la obra de Dios para este tiempo: hombres y mujeres cumpliendo su llamado en comunión, en armonía, fortaleciendo a la Iglesia viéndonos unos a otros con “una mirada diferente”: tal como Dios nos ve. Cuando podemos vernos así ¡se acaban “los vestigios de feminismo y de machismo”, de competencias y luchas por poderes, de discusiones vanas, irreales,  y sin provecho!
La Biblia nos habla claramente acerca de la gracia soberana de Dios que usa a hombres y mujeres- por igual- para llevar gloria a nuestro Dios.  Decidámonos a obedecer a Dios, cuando Él nos llama; que nada impida que Él obre en nosotras su voluntad. Esa voluntad “buena, agradable, y perfecta”.
¡Somos portadoras de buenas noticias! Mujeres fuertes en vasos frágiles. El Espíritu de Dios que nos hizo hijas de Dios, que nos capacita para Dios, hace de nosotras portadoras de su amor y su verdad. Y eso, ¡es muchísimo más de lo que podemos imaginar!"

viernes, 30 de noviembre de 2012

Comunicación


La comunicación es vital para todas las relaciones interpersonales; para el crecimiento, para el desarrollo normal, para la salud; es vital en todos los ámbitos. Somos seres comunicativos y gregarios: necesitamos expresarnos y recibir las expresiones de los demás; dar, recibir, compartir, y “estar acompañados” en el camino de la vida.
Nos comunicamos desde el vientre de nuestra madre. Nos comunicamos con la mirada al nacer, con el llanto, aferrándonos a lo nuevo (el dedo de mamá, la nariz, el cabello), con  sonidos “ininteligibles” (hasta que la mamá lo decodifica y logra entender los mensajes de su hijo); con las primeras sonrisas, y las risas  de los padres que constituyen un feedback, una respuesta comunicativa. Eso también es comunicación.
Aprendemos “el modo” comunicativo antes que cualquier  forma de lenguaje. Es decir que siempre buscamos inconscientemente la manera de comunicarnos, de interactuar, desde el nacimiento. Justamente porque fuimos creados para interactuar, dar y recibir, compartir.
Cuando la comunicación es interrumpida o entorpecida por alguna razón eso afecta las relaciones, las emociones, el carácter, los pensamientos, las acciones, las respuestas de la conducta. Y es necesario restablecerla a fin de que todas las cosas comiencen a mejorar.
Dios nos ha dado la oración como medio para comunicarnos con Él, ¡en todo momento, en todo lugar, en toda manera! Podemos estar siempre “on line”, con línea abierta, de manera ilimitada. ¡Es fascinante! Pensemos un momento en esto: “Puedo comunicarme con Dios en todo momento, en todo lugar, en toda manera”. ¡Maravillosamente impactante!..
Él ha prometido estar con nosotros siempre, ha prometido oírnos, y respondernos.
Lo único que puede interrumpir la oración es el pecado; y aun para eso Él proveyó la solución  (“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” 1º Jn.1:9).
Como hijas de Dios tenemos acceso al trono de Dios, a su presencia, para entrar confiadamente, para recibir la gracia que necesitamos. Podemos conversar con Dios, como amigos (“…os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.” Jn.15:15). 
Incluso hay beneficios para el cuerpo en la oración: cuando estamos en oración con Dios, Él aquieta nuestra alma, en Él hallamos descanso y quietud para el alma. Siempre recibiremos paz y gozo en su presencia. En medio de toda circunstancia podemos pedirlo y lo recibiremos, eso y más, ¡junto a Él, en compañía!

“He aquí yo estoy con vosotros todos los días...” Mateo 28:20.
“Tú oyes la oración”. Salmo 65:2
“Clama a mí, y yo te responderé”, Jeremías 33:3
“En Dios solamente está acallada mi alma” Salmo 62: 1.
“Con tremendas cosas nos responderás tú…” Salmo 65:5


viernes, 16 de noviembre de 2012

Un amigo

Nada mejor que un amigo…
Para tratar con mi orgullo con  amonestaciones llenas de amor… y de cordura.
Para edificar mi autoestima con elogios cargados de ternura…y de verdad.
Para decirme que lo más genial que puedo ser, es ser yo mismo sin copiarme de nadie.
Para ayudarme a mirar a mis miedos directo a los ojos… y vencerlos.
Para traer consuelo y sanidad, sin juzgar, cada vez que tropiezo y me culpo.
Para sacudirme a la realidad cuando necesito los pies en la tierra de nuevo.
Para ayudarme a volar cuando despego en la realización de un sueño.
Para alentarme a confiar cuando flaquea la fe... y la lucha arrecia.
Para empujarme a saltar en alas de la fe ese pequeño charco, abismal para mí.
Para decirme con sinceridad lo que otros solo criticarían.
Para desafiarme a mejorar siempre y moldear mi carácter
Para mostrarme mis puntos fuertes, pero también las falencias.
Para decirme la verdad en amor y sin soberbia
Para recordarme lo valioso que soy con certeza cargada de verdad…
Para señalar que mi propia humanidad sigue siendo débil, cuando me ataca la arrogancia
Para recordarme la gracia del Señor cuando soy demasiado duro conmigo mismo.
Para charlar como si nada…¡después de perdonarme setenta veces siete!
Para recordarme que Jesús está conmigo todos los días, cuando también lo veo en sus ojos.
Para mostrarme el amor de Cristo, tan real en un vaso de barro que es tan “vaso de barro” como yo.
 
Los amigos no son casuales; son preciosos regalos de Dios. Constituyen nuestra riqueza incalculable: en ellos podemos ver a nuestro gran Amigo, Creador de todo lo bueno. 
Dios ha dispuesto que compartamos el trayecto de la vida con nuestros amigos, ¡y nos ha concedido que lo disfrutemos juntos! 

viernes, 9 de noviembre de 2012

Algo mejor



Si nos preguntaran si deseamos algo mejor, seguramente todos atinaríamos a decir que sí casi sin pensarlo. Fuimos hechos para avanzar, crecer, progresar, proseguir en el desarrollo del potencial que Dios nos dio, no al azar sino “con algo en mente”, con una excelente idea de bendecirnos. El concepto de “progreso” lo tenemos innato. Que el hombre anhele progresar fue idea de Dios.  ¡Un regalo de Dios! 
Dios nos llama a “algo mejor”, por eso nos insta a ser transformados “como a la misma imagen por el Espíritu del Señor”. Nos llama a ser más como Cristo… lo cual es siempre mejor. Sin embargo cuando oímos “ser transformados”  a menudo pensamos en palabras como santificación, pureza, integridad, consagración, devoción, servicio…Y se nos viene a la mente un dejo de “¡Uy!...” como si el pronunciar esas palabras desencadenara una sucesión de reglas, prohibiciones y mandatos “destinados a quitarnos la alegría y la diversión, las ganas de vivir y la sonrisa.” ¡Nada que ver!... Somos hijos de Dios: ¡somos santos alegres! Pertenecemos al Dios de la vida, "...al Dios de mi alegría y de mi gozo" (Sal.43:4). ¿Aquel que creó la alegría querrá que vivamos una existencia sin gozo? Si preguntamos, Dios nos dice en su Palabra "Estén siempre gozosos". No dice "ríanse todo el tiempo"...el gozo es esa alegría profunda, a veces silenciosa, que te hace sonreír incluso a solas, sin causa "desencadenante", sino la certeza de que está allí, en medio de tus carencias, necesidades o pruebas. Gozo de Dios es presencia de Dios.
El procurar algo “mejor” (bienestar, gozo, salud, alegría, diversión, satisfacción, etc.) no se contrapone ni contradice con el término “santificación”. Asociamos la palabra santificarse con “no” y se empapa de connotaciones negativas que en realidad no tienen por qué estar allí.
Traemos un bagaje legalista de siglos que se nos pegó en algún momento de la historia…y que parece un sticker difícil de quitar. No hubo nadie tan santificado,  puro, integro, y  consagrado como Jesús…y lejos de ser un asceta amargado por la existencia terrenal, tenía tanto gozo y alegría en su vida diaria que   el salmista lo dice en el libro de los Salmos: “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros.” (Sal.45:7). La santidad y el gozo van juntos, y se amalgaman; lo mismo sucede con la santidad y el amor: se amalgaman, de manera que no es posible separarlos. 
La santificación no es una carga. Santificarse es apartarse del mal, para Dios; santificarse también es “amar”. Porque es el segundo mandamiento  más importante; y el amor no hace nada indebido. Y además, el amor es la fuente del gozo ¡No se puede tener gozo genuino sin amor!...
Dios no nos niega ningún bien. Es más, todo lo bueno procede de Él,…y es para nosotros.
No seremos menos “felices” por santificarnos más, por amar más a Dios, por servir con la actitud que agrada a Dios.  Todo lo contrario.  “Bienventurados los de limpio corazón…” Bienaventurados, dichosos, ¡felices! Dios nos mueve a santificarnos cada día, a escoger lo bueno y no lo malo; a escoger la vida y no la muerte; a escoger  el amor, que edifica, y no la amargura, que destruye. Dios nos ofrece algo mejor. Cuando nos insta a ser transformados el Señor nos está motivando a permitir que su Espíritu realice cambios profundos en nuestra vida, “a fin de conocerle”, primeramente, y de avanzar en el cumplimiento de su propósito.
Sin duda, cuando Dios habla de transformación habla de convertirnos en algo mejor. ¿Por qué? Porque no somos transformados de cualquier manera ni en cualquier cosa: somos transformados a su imagen  por el Espíritu Santo. 2 Cor. 3:18, "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor". Habla de una transformación que desde adentro, de un “corazón mudado”, de un corazón conforme a su corazón, … que ama, en fin: de un corazón lleno de gozo.
¿Queremos algo mejor? Dios lo tiene listo para nosotros, de antemano…vamos a darle lugar para que Él lo haga realidad. Cuando estamos con Él, allí somos transformados. No como una carga, sino por gracia, porque Él nos ama; no como un esfuerzo, sino recibiendo de Él mismo. “Algo mejor”…¡Eso es lo que Dios siempre tiene! La bendición del Señor es la que enriquece ..."y no añade tristeza con ella" (Pr.10:22)

sábado, 27 de octubre de 2012

Hablemos de las madres

 Hablemos de las madres…no solo por lo que hacen (trabajar, cambiar pañales, cocinar, limpiar, planchar, cuidar,  educar, etc., etc.-porque hay mucho “etcéteras”), sino por lo que son: mujeres engendradoras de vida, transmisoras de vida, formadoras de vida, que afectan literalmente las generaciones y pueden torcer el curso de la historia de sus hijos, y al hacerlo, impactar al mundo. No es ficción; es historia, documentada, y verificada. Tu nene que te desvela, tu adolescente que te preocupa, tu joven que añade estrés sin querer, ese hijo adulto cuya vida te impulsa a clamar de rodillas a Dios, por él; no son casualidades. Como portadoras de la gracia, podemos “levantarnos como madre” para ver transformadas las vidas y las circunstancias. (“…Me levanté como madre en Israel.” Jue.5:7b). Levantarse nos indica decisión. La madre puede decidirse a actuar ejerciendo su autoridad espiritual. ¡Cuántos cambios se pueden ver con una madre determinada a “levantarse y actuar” como tal! Mirá qué características y qué potencial nos ha dado Dios:

Amor y gracia: Sabemos que el amor es esencial para el desarrollo saludable de la persona y la personalidad. La madre es poseedora de un depósito inagotable: no se cansa de dar amor en toda forma posible para que sus hijos crezcan y disfruten de su futuro. Ese amor toma forma de servicio, cuidado, sacrificio, tesón, perseverancia, disciplina, corrección, consejo. Para ilustrarlo, se ha dicho que una madre no divide el amor entre sus hijos; lo multiplica. Y, ¿quién puede extender gracia (nuevas oportunidades, perdón, aceptación, comprensión, consuelo) sino una madre? Cuando todos se dan por vencidos con alguien,…la madre persiste. Es capaz de perseverar toda su vida en pos del bien de su hijo. La madre jamás se dará por vencida.

Esfuerzo: La madre deja de lado su propia necesidad, su propio cansancio, sus angustias propias, por abocarse al cuidado de su hijo. El cuidado del hogar, hasta con la ayuda de la tecnología, requiere tiempo y esfuerzo constantes. “Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos” (Pr.31:17, RV60)].

Fuerza y dignidad: “Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir” (Pr.31:25, NVI). “Revestida de fuerza” describe al esfuerzo continuo del dar sin medida; la madre da todo de sí, más allá de su propia limitación. ¿Cómo es si no, que puede “sobrevivir” a noches de desvelos, sin comer, sin descansar, bajo presión, aun realizando esfuerzos que sobrepasan su condición física?) ¡Está “revestida de fuerza” por Dios! “Revestida de dignidad”: una de las acepciones de “dignidad”, según el diccionario de la RAE, es “excelencia”, La madre se reviste de la excelencia como de una vestimenta. Y es que ella procurará siempre lo mejor para sus hijos y su familia. Esto también nos muestra una excelencia que excede a su propia capacidad. Hablar de la excelencia en una mujer es hablar de la manifestación del potencial que hay en ella: el potencial dado por Dios, con un propósito múltiple: dice la Biblia que ella trabaja “con sus manos” (con referencia a lo material), y “edifica su casa” (con referencia a lo humano y a lo espiritual). La madre es la primera educadora de su hijo, la primera creadora de hábitos, la primera “edificadora” de la conducta (construyendo hábitos, corrigiendo lo deficiente), la primera modeladora del carácter y la personalidad de su hijo. Para lograrlo, ¡sí que se requiere de la excelencia de parte de Dios!

Sabiduría (temor de Dios): “Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor.” Pr.31, 26, NVI. Y ”Considera los caminos de su casa”. Pr.31:26-27a). La Biblia también dice que “la mujer sabia edifica su casa”.La sabiduría de Dios siempre es para edificación. ¡Cuántos hijos preservaron su vida por que sus madres actuaron con sabiduría! La influencia de la mujer es grande, mucho mayor de lo que creemos. Las madres sabias consideran las decisiones a tomar, establecen un fundamento sólido, inculcando los valores que se rigen por la Palabra de Dios.

Celebremos el Día de la Madre dando gracias a Dios, y con esta determinación ¡vamos a impactar como madres la historia de nuestros hijos!

 

viernes, 26 de octubre de 2012

Le agrada bendecirnos “porque sí”

Realmente creo que a Dios le agrada bendecirnos “porque sí”. La Biblia dice que Él se deleita en hacernos bien. Él es amor. Todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido de Dios, sin merecerlo, sin ganarlo. Como seres humanos nos cuesta comprender el concepto de que Alguien nos ame, nos dé algo y nos haga bien sin merecerlo. Traemos el bagaje de siglos al respecto: "hay que hacer algo para recibir algo", "tenemos que ganarnos todo lo que deseemos". Sin embargo, a Dios le place -¡le encanta!- bendecirnos “porque sí”. Simplemente porque Él es bueno y quiere hacernos bien. ¡Es un concepto que revoluciona mi alma! 
No tenemos que luchar para alcanzar su gracia o su aceptación. Su Palabra dice que somos “aceptos en el Amado”. Ese es su regalo precioso para nosotros. Cuando venimos a Jesús somos transformados en hijos de Dios. ¡Sus predilectos! Eso trae descanso.Trae paz y también alegría. Sabemos que podemos descansar en Aquel que nos ama sin condiciones. ¡Su amor nos hace felices! 
Tendremos otras luchas, de distinta índole, pruebas, desafíos para la fe; pero, podemos descansar en el hecho de que Dios nos ama con un amor eterno, y  ha decidido hacernos bien. Él es quien nos ayuda y nos defiende.
“A Dios le agrada bendecirnos ‘porque sí’ porque se deleita en hacernos bien”. De modo que no te sorprendas de sus regalos, de sus mimos, de esas cosas que Él hará por vos, que ni te imaginás.

viernes, 19 de octubre de 2012

Jesús nos comprende

"Hebreos 4:15 afirma que Jesús experimentó cada emoción y sufrió cada sentimiento como usted y yo, pero lo hizo sin pecar. ¿Por qué Él lo hizo sin pecar? Porque no tenía sentimientos erróneos. Él conocía las Escrituras en cada área de su vida, porque pasó años estudiándolas antes de comenzar su ministerio.
Usted y yo nunca seremos capaces de decirles no a nuestros sentimientos si no tenemos dentro un fuerte conocimiento de la Palabra de Dios. Jesús tenía los mismos sentimientos que tenemos, pero nunca pecó por ceder a ellos.
Cuando estoy dolorida por alguien y me siento enojada o disgustada, me conforta mucho levantar mi rostro, mis manos y mi voz al Señor y decir: 'Jesús, me alegra tanto que tú comprendas lo que siento en este momento y que no me condenes por sentirme así. No quiero ventilar mis emociones. Ayúdame, Señor, a superarlas. Ayúdame a perdonar a quienes me han juzgado mal y a no desairarlos, evitarlos o buscar devolverles el daño que me han hecho'.
¿Por qué no inclina su cabeza usted también y le agradece al Señor por entenderlo? Ore conmigo: 'Gracias, Señor, por entenderme y no condenarme. Gracias por no dejarme. Te pido ayuda, que yo pueda ser más comprensivo como tú lo eres'."


Extracto tomado de La Biblia de la Vida Diaria de Joyce Meyer. Una publicación de Casa Creación. Boletín Mujer de Propósito. Usado con permiso de la revista Vida Cristiana.